29/11/12

AULLIDOS DESDE EL TEJADO


Desde el tejado se divisan las luces de la ciudad. Al fondo recortándose en la noche, la línea que da comienzo al bosque. El bosque, el oscuro salvaje.

La llamada se mete en mi mente, el aire huele distinto, una supervivencia anclada resurge con furia y me hace sentir a fuego días de hogueras entre la maleza, viejos senderos, luna y noches sombrías.

Mi vista se agudiza y penetra la noche, resquebrajándola. Veo la esencia de la nocturnidad, y esta me hace de guía.
Mis ojos carmesí contemplan la ciudad. Más allá el bosque, el oscuro salvaje.

Mis oídos captan los sonidos que la noche esconde, los que son los antepasados de los susurros. Centran su atención sobretodo en otro tipo de sonidos, los que me preparan para lo que va a suceder esta noche.
Mis orejas se erizan al notar la ciudad. Más allá el bosque, el oscuro salvaje.

Mi tacto se agudiza, noto el frío suelo bajo mis pies, pero es un frío amortiguado, no causa molestia. Absorbo la electricidad del ambiente y noto su calor en cada célula de mi cuerpo, en cada músculo. Me siento eterno, me siento infinito.
Mi piel se estremece al notar los cambios de la ciudad. Más allá el bosque, el oscuro salvaje.

Mi olfato detecta sensaciones ocultas, entre ellos, sentimientos escondidos en los débiles corazones. Amores ocultos, perversiones, engaños, melancolías y sueños rotos. También alguna que otra alegría me llega lejana.
Mi nariz se ensancha, y de repente recibo el olor del miedo de la ciudad. Más allá el bosque, el oscuro salvaje.

Capto el gusto agridulce de la ciudad, mi lengua se eriza al notar la electricidad del ambiente. Mis encías tienen pegadas el sabor del hierro,
Mi boca saliva, mis dientes se vuelven cortantes, noto el bullir de la sangre de la ciudad. Más allá el bosque, el oscuro salvaje.

La noche me acuna en sus brazos, me invita a adentrarme en sus caminos. Me lleva el alma en volandas hacia su titilante penumbra. La luna me guía y vigila mis pasos, aulló, aulló…le dedico esta noche.

Caigo al vacío cortando el frío aire nocturno, mi cuerpo se tensa y aterrizo en el suelo. Entre las sombras de la ciudad recorreré el camino hasta su última frontera, entonces me adentraré en el bosque…el oscuro salvaje.

3 comentarios:

Silver's Moon dijo...

Te convertiste en hombre lobo? Así sienten y perciben? entonces yo también quiero ser hombre lobo ;)
Un beso

Myosotis dijo...

Un nuevo lugar donde pasar mis horas de soledad :) ENCANTADA DE HABER TOPADO CON TU TABERNA EN MI VAGABUNDEO.

Miriam Martínez dijo...

Bonito relato para leer en una taberna encantada, con un vino de antaño en jarra de barro. Saludos, compañero.